La gestión del cambio es esencial para la renovación de las empresas

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Todo cambio demanda esfuerzo y compromiso. De esto depende el éxito tanto personal como colectivo. A nivel empresarial el cambio se asume como un proceso que requiere, con frecuencia, una fase de transición. Además, cuando este es planificado, hay más posibilidades de alcanzar un mayor compromiso de los miembros de la organización y, al mismo tiempo, conseguir la implementación exitosa de los procesos de transformación.

A este proceso se lo conoce con el nombre de gestión del cambio, una metodología que desarrolla una serie de etapas que van desde la definición de la visión del cambio hasta su desarrollo y posterior seguimiento.

Para Sandra Saavedra, consultora de la compañía Taldescom (talento, desarrollo y competencia), el proceso de gestión del cambio contempla algunas etapas, como la sensibilización que consiste en comunicar a todos niveles de la compañía los compromisos que exige la implementación de un sistema o de una nueva cultura organizacional.

La siguiente fase consiste en definir una hoja de ruta y determinar quiénes son los involucrados en el proceso y las tareas que estos cumplirán. Otro elemento fundamental es la inducción que recibirán cada uno de los participantes y el seguimiento que exige todo proceso para su cumplimiento.

La especialista explica también que las compañías deben considerar la gestión del cambio como una inversión y no como un gasto. Por otro lado, para alcanzar un proceso eficiente se requiere que los integrantes de la organización sean capaces de identificar las causas de los cambios estructurales al interior de la compañía.

Para el consultor Nicolás Dueñas, esta metodología de trabajo prácticamente nació con la implementación de los grandes proyectos de ERP. “Las empresas tenían muchos fracasos cuando adoptaban un ERP. En este contexto, los directivos de las compañías se dieron cuenta que el problema más grande no era la tecnología implementada, sino el cambio humano. Había que ayudar a la organización a transformarse”.

Según Dueñas, estas prácticas de gestión del cambio fueron madurando con el transcurso del tiempo y ahora ya es un método generalizado que se aplica no solo para las grandes transformaciones tecnológicas, sino también para cualquier tipo de cambio organizacional.

En países desarrollados como Estados Unidos, incluso hay oficinas propias de Gestión del Cambio (Change Management Office) que se encargan de aplicar esta metodología que muchos especialistas lo consideran como un sistema global.

Precisamente para el consultor Bolívar Muñoz, al ser un sistema global implica interacciones complejas y, por ende, no debe afectar solamente a las tecnologías o a los proveedores, sino a toda la empresa. La influencia sobre el conjunto de la empresa comienza por el cambio individual de cada uno de los trabajadores. Para poder realizar los cambios de manera adecuada, los empleados deben saber cómo efectuar el cambio. Asimismo, es necesario que el trabajador se mantenga motivado.

Bolívar Muñoz considera que es importante acompañar las transiciones mediante equipos de apoyo que no se ocupen solamente de cuestiones técnicas, sino también humanas. Aunque el proceso de cambio se realice en condiciones óptimas, es habitual que las empresas experimenten un pequeño descenso en la productividad y su eficiencia mientras se adaptan a las circunstancias.

En la actualidad, muchos líderes empresariales consideran que los cambios en la gestión de una organización se producen de forma casi automática, sin embargo, la experiencia prueba que esto no sucede así. De hecho, las metodologías de gestión del cambio organizacional constituyen un conjunto de técnicas que se han demostrado eficaces para lograr implementar el cambio en una organización. Por otro lado, para Ramiro Castillo, consultor de negocios y analista de la empresa Thoughtworks, el tema de gestión del cambio en los proyectos de TI constituye una parte muy importante para poder determinar el éxito de la implementación de un producto.

A escala mundial, asegura, se tiende a recortar el presupuesto a los procesos de gestión del cambio, pero no es una decisión acertada. “Las empresas que lo hacen cometen un error, porque en el caso de que se trate de la implementación de una nueva tecnología, el postergar su puesta en marcha puede frenar su crecimiento”.

Según afirma, en todas las compañías hay personas que asimilan mejor los cambios y otras que se resisten a estos. Por esta razón, uno de los desafíos es lograr que todos los integrantes de la empresa lo acojan para que el cambio se produzca sin contratiempos.

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