“La lección fue clara, hay que estar prevenidos frente a la naturaleza siempre impredecible”

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Hay ciclos que marcan hitos en la vida de los individuos, y para Clemente Calderón, actual CIO de Industrias La Fabril, cada uno de ellos, aportaron a su crecimiento personal y profesional. 

Son varios los momentos que han construído al nuevo Clemente, uno de ellos, cuando por decisión propia dejó el sector financiero donde laboró por 25 años.  Con el deseo de crear nuevos entornos de desarrollo se incorporó a Telconet con el reto de generar nuevos servicios al mercado. En este intermedio,  se presenta la oportunidad de laborar en La Fabril, una industria líder en  la fabricación de aceites,grasas,productos de hogar y cuidado personal.  

El recorrido profesional de Clemente Calderón abarca la docencia en su alma máter, la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), donde obtuvo su título como analista en Ciencias de la Computación, que luego lo complementó con una licenciatura en Sistemas de Información,  y un diplomado en Gestión de Servicios de Tecnología de la Información. Al momento, está satisfecho de haber complementado su formación con una certificación como coach ontológico, una disciplina que aporta al conocimiento del ser humano y al mismo tiempo, brinda apoyo a muchas más personas y fortalece la relación con sus colaboradores. 

Dedicado a la cátedra y a varios emprendimientos tuvo la oportunidad de administrar y capacitar en un centro de estudio, dictar charlas y transmitir conocimientos sobre la tecnología en aquella época, el funcionamiento y operatividad de los mainframe S/370 de IBM. Aún recuerda, a estas como inmensas máquinas semejantes a verdaderos monstruos con los que empezó la era computacional y que  evolucionaron en pequeñas máquinas con sistema operativo DOS y dio un giro a la actual era informática. 

Tampoco olvida cómo alimentó su deseo de conocimientos. En una ocasión recogió unos libros que habían sido desechados del campus  académico de la ESPOL. Lo que para algunos eran textos inservibles,  para el ejecutivo, se convirtieron en una mina de oro en información. En esos textos  obtuvo datos que ni en las aulas de clase se había enterado, se constituyeron en una buena base para adquirir conocimiento que le sirvió para trabajar en una entidad bancaria del puerto principal. Laboró en el Banco Guayaquil hasta 2.013 cerrando un nuevo ciclo,  dejó atrás la línea de negocio financiera en la que siempre había laborado y se enfrentó a un nuevo desafío: liderar el departamento de tecnología de La Fabril y colaborar aunadamente con las distintas áreas de la industria y de manera sostenida apoyando al negocio.  

Comenta seguro que es lo que mejor que le ha sucedido  en ese tramo de su vida. Salir  de una ciudad grande como Guayaquil a una urbe en gran desarrollo como Manta, ha sido gratificante afirma. “Uno cuando camina o circula por las calles en vehículo la gente  aún  saluda. Eso en ciudades grandes ya no se ve, este ambiente lo vuelve a uno más sensible y permite lograr una perfecta combinación entre la calidez de lo cotidiano con la actividad laboral donde se manejan sistemas de precisión y se realiza una tarea con mayor exactitud” 

 El 16 de abril de 2016, Clemente, igual que el resto de habitantes en Manabí quedó marcado por el terremoto que cambió la vida de los residentes en la provincia costera. Los sacudones de tierra que dañaron infraestructura y causaron muerte le dieron un giro radical a su vida.  

Si bien el terremoto le proporcionó nuevos amigos y lo alimentó de grandes dosis de espiritualidad, también le arrebató algunos bienes materiales, pero sobre todo le dejó varias lecciones de vida: la convicción y seguridad de continuar con optimismo y fe. 

El ejecutivo guayaquileño tuvo la oportunidad de conocer a profundidad al manabita y su solidaridad en momentos difíciles. Luego de algunos meses de convivencia hizo buenos amigos y encontró un mayor gusto a los sabores de la comida manabita, tanto que ahora adora el chifle. 

Sonríe y se emociona cuando habla de su trabajo. Señala que el corazón de La Fabril es el área de producción  y el departamento de  sistemas que cumplen la importante función de asistencia estratégica y de apoyo en la ejecución del negocio. 

A su memoria vienen los recuerdos del terremoto, los retos en su trabajo. El movimiento telúrico causó de inmediato el corte de energía eléctrica en la planta. Ello paralizó las actividades del complejo industrial. Para evitar sorpresas, las plantas eléctricas que posee la fábrica no fueron puestas en funcionamiento. Clemente cuenta que se tomaron acciones inmediatas y se realizaron  revisiones técnicas antes de encender los generadores, “fue una medida que sirvió para realizar un revisión integral del cableado y los sistemas”. 

La infraestructura informática soportó el movimiento de 7,8  grados en la escala de Richter y luego de los chequeos correspondientes en menos de 24 horas la planta siguió funcionado a pesar de algunos daños que se presentaron. 

De este fenómeno natural de magnitud, Clemente adquirió un nuevo aprendizaje: ir más allá de los respaldos de misión crítica. “La lección fue clara, hay que estar prevenidos frente a la naturaleza que es impredecible”. De manera que “se externalizó la información para estar un paso adelante ante futuros fenómenos naturales”. En La Fabril se decidió mover su datacenter de Manta a Guayaquil y replicar la información a un datacenter en Quito, “de esta forma contamos con una mayor cobertura a eventos de alta siniestralidad”. 

Clemente Calderón  está lleno de argumentos, números y algoritmos pero frente a la vida se rinde y reconoce que hay que vivirla bien y para el bien. 

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